A pesar de que fue hace casi un mes, la celebración hubo de posponerse hasta bien entrado el mes de Diciembre.
Día completo que comenzó a las 6 de la tarde, bajo un manto de lluvia que calaba hasta los huesos. Visita relámpago a FNAC y nuevo paseo por el centro de Madrid en dirección a la sidrería donde se efectuó el magno evento cumpleañero. La calle Fuencarral, mojada y atascada por el gentío, fue testigo de las andanzas, chanzas y bromas de parte del grupo.
Una vez llegados al lugar de los hechos, tras infructuosas paradas en diversos cajeros de la mencionada calle, se sidreó con delectación, se habló de todo menos del tiempo, descubrimos una nueva especie de primate especializado en la sustracción de monederos y tarjetas de crédito -ni la mona Chita en todo su bagaje laboral, habrá conocido tamañas cotas de lucidez, y desenvoltura-, perros con dietas, cuando menos, discutibles; cantantes encumbradas por razones ajenas a la calidad de su voz, cantautores conocidísimos en su casa a la hora de comer...
A todo esto llegó la segunda hornada de invitados, venidos de lejanas tierras inclusive, para disfrutar con los productos típicos del norte de la península en forma de tortilla paisana, croquetas y una surtida variedad de quesos que hicieron las delicias de todos.
Tras ello, entrega de regalos de los que estoy dando buena cuenta, paseo hasta un bar con aire bohemio, última ingesta de líquidos y cada mochuelo a su olivo, que no eran horas, el fin de semana había sido largo y estos momentos hay que paladearlos con mesura.
Gracias a tod@s por vuestra compañía.