domingo, 26 de abril de 2009

El Athenas: reserva espiritual.


Cada uno tiene un lugar donde refugiarse, donde sentirse cómodo, seguro y a gusto cuando vienen mal dadas.

Uno se refugia en su casa, en casa de algún amigo, en el cine u otro lugar donde pensar en otras cosas, desconectar de la realidad y tener unos minutos de esparcimiento donde nada importa y la sola presencia en determinado lugar limpia y borra tanto malsano pensamiento que por la cabeza de uno pasa con asiduidad.

Para mí este lugar, que algunos llamarán Shangri-la, tiene nombre propio: Athenas.

Athenas el bar, no se vayan a pensar Vds. que tengo el morro demasiado fino, y que necesito de esporádicos viajes a tierras helenas para sentirme pleno y dichoso. Dicho bar está situado en el castizo barrio de Chamartín, en Madrid. Muy cercano a la Plaza de Prosperidad, línea 4 de metro. Calle Vinaroz, para más señas.

Mis comienzos en este lugar de culto comenzaron hace cuatro años, después de jugar al baloncesto, cuando uno era todavía mozo sano y de posibles, y no una chimenea con patas como ahora me hallo, íbamos a paliar la sequedad de nuestros gaznates con una rubia espumosa y nutrirnos con alguna que otra ración que a bien tuvieran en ponernos.

Y desde ese mismo momento el flechazo se produjo.

Celebraciones de cumpleaños, licenciaturas -la mía, para más señas-, comidas de los Viernes, cañas previas a salidas los findes de semana.... Toda excusa es buena para acercarse al bar de José para tomarse una Mahou bien fresquita y disfrutar de su inconmensurable tortilla de patata.

Mención especial merece el apartado de las comidas de los viernes.

Mucha gente tiene cierto reparo en acudir a un bar de barrio a comer y estar las horas muertas en el mismo, pues parece ser que es tachado e interpretado como una manifestación de vaguería y considerado como de "viejos" el disfrutar de tu menú a base de platos de cuchara, segundos de categoría, postres cuidados con bastante esmero, y los pacharanes de rigor, como Dios manda.

Luego podrán venir partidas de mus, tute, poker o lo que a bien tenga el producirse en tales lances... Pero lo que de verdad importa es que estés las horas que estés sentado en el Athenas es que te sientes como en casa, tienes un trato personalizado y los problemas parecen menos graves cuando estás con los amigos degustando esas maravillosas croquetas, la picaruela Laura te atiende como si fueses el rey del mambo y José te invita a la última sin necesidad.

Aunque, ahora que lo pienso, siempre hay necesidad de ello, pues tomes lo que tomes siempre tienes ganas de volver, y no precisamente para refrescarte el gaznate.

8 comentarios:

Patata Piloto dijo...

¡Qué gran santuario el tuyo! ¡Cómo te cuidas! Los bares de barrio son los mejores, cuando te miman, claro. Ains, qué rico tiene que estar todo!! Prohibido leer esa carta a mediodía o media tarde!!

Eleonora dijo...

Gracias por el santo y la seña cuando vaya por Madrid me acerco.
Y que gracias me hace Patata Piloto con su última frase.

Felicidades, Carlos tienes tres premios.

Maeglin dijo...

Rincón de agradecer en esta y en todas las horas que se busque un rincón agardable lleno de autenticidad. Honrado uno que lo pisa y pisará.

Blog A dijo...

Me desconciertas, eres intemporal.. jajajaj un caballero de principios de siglo, un clasico de los 50, una roquero de los 70-80 o un recie graduado...
Me alegro que sepas disfrutar de un lugar así.

Carlos dijo...

Jejeje,

pero siempre fiel a mú mismo, señorita.

Ya irá conociéndome más en profundidad ;)

Bree dijo...

Sin duda alguna...un magnífico lugar...

Zentolo dijo...

Es cierto que todos necesitamos de un "santuario" en el que desconectarnos de los mundanales problemas que nos rodean. En mi caso, tengo uno infinito, siempre igual y siempre distinto, que es el mar. Me calma, me distrae, me emociona y me maravilla. Claro que un buen local en el que degustar unas buenas tapitas (viva la operación bikin) acompañadas de una rubia... tampoco tiene precio.

Carlos dijo...

Yo en este sitio sólo tomo ensaladitas y gazpacho, caballero ;)

Me suelo controlar demasiado últimamente, así que un día de éstos habrá que encargarle a José un par de tortillas, una de croquetas, una de oreja a la plancha y quedan todos invitados.