viernes, 24 de abril de 2009

La Lidia. Sevilla 23 de Abril de 2009.

Feria de Abril


Victorino/Morante, ”El Cid”.

Toros de Victorino Martín: Desiguales de presentación. Algunos de gran trapío y otros excesivamente terciados. En general encastados y mansos. Blando el segundo, bravo el tercero. Manejable el cuarto.

Morante de la Puebla: Dos pinchazos, media atravesada y trasera (Silencio); Pinchazo y descabello (Leves pitos); Pinchazo y estocada (Leves palmas).

El Cid: Estocada trasera y tendida (Silencio); Estocada trasera y tendida (Ovación con saludos); Estocada desprendida (Silencio).

Un chispazo y el cortocircuito

Carlos G.

Alineación al centro
Toda la corrida fue un gran cortocircuito.

Un gran cúmulo de infortunios por parte de unos y otros. Cuando estaba presente sobre la arena un toro con toda la barba, capaz de poner en aprietos al más pintado y afamado diestro del escalafón, el torero que tenía en suerte lidiarlo se hacía el sueco, cual es el caso del llamado Morante; y cuando sobre la arena presente estaba un torero en sazón, con una señora mano izquierda capaz de atemperar la embestida del mismísimo demonio mutado en toro, éste habíase transformado en una fofa y mansa masa de carne que sólo servía para cocinarla en cualquier restaurante cercano a la plaza de la Maestranza.

No es que esto pille de sorpresa a nadie, pues casos más que sobrados existen a lo largo de la historia de la tauromaquia. Más de dos siglos dan para mucho, y los aficionados –los verdaderos- están curados de espantos. Con esto quiere referirse uno a que no todo aquel señor o señora presente esta tarde se diese cuenta de ello, ni mucho menos; más bien al contrario: lo suyo era lucir palmito, mirar al vecino de localidad, chupar cámara y que le viesen en casa, que no es cosa baladí si bien se mira. Lo que no es tan de recibo es que una plaza de primera categoría como se supone que es la Maestranza sevillana acoja en sus butacas a un público eminentemente servil, ignorante y maleducado. Pitos que no venían a cuento, cuando habrá muchos más motivos para la protesta en sucesivos días y pasados también; lanzamiento de objetos al ruedo y la extraña sensación de que allí ni el Tato sabía de qué iba el asunto. Lo suyo era aparentar. Con su pan se lo coman, que se suele decir.

En materia puramente artística cabe poco que destacar. O mucho, según se ponga uno de exigente. La corrida de Victorino Martín, muy desigual en juego y presentación no dio demasiadas opciones a los dos espadas, que tuvieron actitudes muy diferentes a lo largo de la tarde en función del ejemplar que delante tenían en cada momento.

Morante se quitó a pellizcos a sus dos primeros, a los que no quiso ni ver en pintura. Mucho componer la figura en los inicios para luego pegar el gran petardo en la faena de muleta cuando el bicho con cuernos apretaba más de lo conveniente. No eran “su toro”, evidentemente, pero a un diestro con su proverbial calidad hay que exigirle un poco más de complicidad y entrega. Todo en su justa medida, claro, pues no quiere ni desea nadie transformar a un consumado artista en un insufrible pegapases que se eternice hasta bien entrada la noche.

Su último toro no era muy diferente a sus dos primeros, pero las musas le vinieron tarde pero a carta cabal. Le dio cinco verónicas de categoría rematadas con la media y todo ello bastó para acallar a más de uno y más de dos. Retazos pintureros con la muleta y poco más, pues ya se ha comentado que no estaban las cosas propicias para desparramar esencias con material tan burdo y hostil.

Sin embargo no fue lo mejor de Morante en la tarde. Fue en un quite en el cuarto toro, donde remató una serie de delantales con una media a pies juntos con todo el gracejo y regusto sevillano que imaginarse pueda, y el público quedó embelesado ante tamaña demostración de fulgurante calidad, tan escasa en tiempos ayunos de torería, clase y muchas más cosas que huelgan el comentarse.

El Cid, por su parte, estuvo sobrado toda la tarde. Como Pedro por su casa se sacó a los tres toros con el capote, incluso enjaretando alguna que otra meritoria tanda de verónicas de su firma, que suele ser de alta escuela y con la pureza como seña identificativa.

Sin embargo, por unas causas u otras no alcanzó el triunfo. Más bien fueron propiciadas por sus enemigos: unos por blandos, otros por marrajos y otros por bravucones que parece se van a comer el mundo y luego pierden la fuerza como la gaseosa.

Entre bravucones, moribundos y alimañas se entretuvo en administrarle al cuarto un par de tandas de naturales de bella factura, ligando y mandando, cual mandan los cánones.

No es que fuera demasiado, pero menos da una piedra. Y si por nada entendemos una media de cartel, un par de tandas de naturales de alta escuela, se ha de tener el morro muy fino para no sacar algo mollar del asunto.

Chispazos todos ellos que no logaron encender la mecha de la tarde, que acabó en cortocircuito de triunfos tangibles, que es lo que interesa a las gentes que apostadas están en las primeras filas de barrera.

Ya no podrán contar hazañas a sus amigos y conocidos para hacerse los interesantes mientras se toman con los amigotes ese brebaje llamado zumo de cebada, más conocido como infecta Cruzcampo que asola y arrasa locales de intachable enjundia y prestigio.

Una lástima como otra cualquiera.

7 comentarios:

Eleonora dijo...

Es la primera vez que accedo a tu blog, antes lo he intentado y no he podido. Es muy bueno Carlos. ¿Eres paisano de Sevilla?.

Estoy intentandop volver a mi ritmo normal y seguir con los posts sobre la eugenesia, pero debo antes poner otro de premios y yo estoy de tiempo, así así, regular, que decimos por aquí en Andalucía.

Bueno, que he venido a saludarte y a prepararte el cuerpo para alguna sorpresa.

Saludos amigo Carlos.

Carlos dijo...

Muchas gracias señorita.

No. No soy paisano de Sevilla, sino gato por los cuatro costados. Madrileño de los pies a la cabeza ;) Algo así como una Puerta de Alcalá con patas.

Estaremos atentos a sus novedades, siempre sabrosas, interesantes y cargadas con balas de cañón.

Saludos cordiales.

Blog A dijo...

De toros ya te comente que no se nada, pero a veces la gente va a desfogarse a estos eventos, y a muchos poco les preocupa si se hace bien o se hace mal, digo..
pues nunca he estado en una corrida de toros
Al final se les calla la boca con el buen trabajo.
saludos a

Maeglin dijo...

Jejejeje qué tremendo Post Carlos y pensar que en las televisiones de todo pelaje fulminaron el eventeo con una única y lapidaria frase: "Tarde de decepción a costa de los victorinos".

Una senderista. dijo...

No se de toros, la verdad es que no me interesan mucho las corridas, pero tampoco apelo a que se retiren y eliminen.
Aunque pienso que toro y torero deberían encontrarse a solas, sin picaores ni banderilleros.
Pero tu post esta muy bien narrado, muy profesional, saludos

Carlos dijo...

Muchas gracias a todos Vds. por las loas vertidas a mi humulde crónica.

Hace mucho tiempo que no hacía una crítica similar, pues habíala realizado anteriormente en otros espacios y no me había prodigado en similares menesteres desde hacía tiempo; incluso había colaborando en la radio de un amigo comentando semanalmente las incidencias de la Feria de San Isidro.

Si tengo tiempo y ganas iré realizando crónicas de las corridas que vaya viendo a lo largo del año. Y espero, naturalmente, que sean de su agrado.

Gracias por comentar.

Afectuosos saludos a todos.

Eleonora dijo...

Pues gracias gato madrileño. Yo por Madrid siento fervor, parte de mi vida ha estado allí.
Me siento muy a gusto yendo a Madrid y a veces siento que en esa tierra y capital de nuestra querida España, hay más oxígeno que en ninguna parte de nuestra amada piel de toro.
La tengo mitificada y la llevo en el corazón.
De momento estoy bastante ocupada y no sé si esta noche o mañana por fin termino un post que me trae de cabeza por el jaleo que lleva consigo hacerlo.

Un abrazo desde la capital del protectorado de Marruecos.