miércoles, 2 de junio de 2010

Don Arturo ataca de nuevo.





















Qué vamos a decir que no se haya comentado anteriormente en este blog: que Don Arturo Pérez-Reverte ha de ser canonizado inmediatamente, elevado a los altares, y que se construyan estatuas representando su figura en las ciudades más señeras de nuestra piel de toro.

Es un grande de los de verdad.

Impagable la siguiente "Patente de corso", publicada el pasado día 31de Mayo.


Caperucita y el lobo machista

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado El pequeño hoplita -un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente- le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina -su número impar complica además el asunto-, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con La soldadita de plomo y ploma; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF -Unidad Legionaria Femenina Feroz-, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: Caperucita Roja. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia -dice- contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

8 comentarios:

César Sempere dijo...

Muy bueno. Pero hay una cosa que no he entendido (y me suele pasar muy a menudo con el señor Reverte debido a mi limitada cultura):

"Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo"

"en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis"

¿Será cosa mía o noto cierto resquemor respecto a la inmigración?. Y por otra parte, ¿es excesivo el tono irónico hacia la política homosexual y la de igualdad de género?. Será cosa mía. Si todo lo llevamos al extremo, al final pasa lo que pasa...

Pienso que no vale ni ser excesivo con los giros radicales de política social actual, ni ser un anacrónico y antievolucionista porque "me gusta la historia de España de arcabuces y espadachines"

Un saludo,

key dijo...

Reverte no tiene resquemor sobre nada. Muchos creen que es machista, no saben leer despacito y bien. Se le puede malentender, por utilizar cierto lenguaje en el que llama a las cosas por un adjetivo que los politísimamamente correctos no se dan ni cuenta que es sólo nomenclatura, o los pelín listos quieran aprovechar para confundir.

Patata Piloto dijo...

Personalmente, animo a este señor a que reúna una colección de cuentos reescritos a la manera políticamente correcta y los publique sin tardar. Nos íbamos a reír y mucho. Me he muerto con la soldadita de ploma. O nos lo tomamos así o nos sale una úlcera. Así de claro.

Maeglin dijo...

Llegó, vió y venció el pasado fin de semana en la Feria del Libro.
Tras una ausencia muy notable de años ha vuelto a firmar sus obras en Madrid y las colas eran más que kilométricas.

Larga vida a Don Arturo.

Pequeña Delincuente dijo...

canonizarle sería "insultarle".
Viva lo politicamente incorrecto, viva la "insolencia" y las palabras del muy distinguido señor Reverte.Y que sigan por muchos años despertando neuronas dormidas y mentes obsoletas.

anamorgana dijo...

El cuento me ha gustado.
Es una excepción, soy una inculta y el señor Reverte me repatea.
Saludos cordiales caballero.

Blog A dijo...

Al final me obligas a comentar a Reverte jajaj no puedo, no puedo.
Vuelve pronto

Bree dijo...

Es sin duda el mejor de los mejores...