viernes, 1 de mayo de 2009

La Lidia. Sevilla 30 de Abril de 2009

Feria de Abril

Torrealta/”El Fandi”, Manzanares, Talavante

Toros de Torrealta: Desiguales de presentación. En general inválidos y aborregados. Primero y segundo devueltos al corral. Los tres primeros anovillados, los tres restantes con trapío. Segundo y quinto nobles. Tercero y sexto flojos. Primero bis de la ganadería de Gavira: inválido y anovillado.

”El Fandi” : Se echa el toro sin entrar a matar (Silencio); Estocada trasera (Ovación con saludos).

José María Manzanares: Estocada (Oreja); Pinchazo hondo (Silencio).

Alejandro Talavante: Estocada trasera y tendida (Silencio); Pinchazo y estocada (Silencio).

La mediocridad más absoluta

Carlos G.

Esto no se hace.

Habiendo un servidor dormido tres horas la noche anterior por circunstancias que al caso no viene comentarlas, se disponía a ver un espectáculo que sobre el papel podría tener cierto interés, para ver si era posible el recuperarme del sock, mas no fue tal.

El cartel estaba formado por un veterano valentón, un torero de calidad y una firme promesa con virtudes por confirmar, lo cual movia a la esperanza. Y, sin embargo, la tarde transcurrió por la senda de la mediocridad. Infumable es poco para catalogarla.

Los pregoneros y vendedores de humo, así como los representantes de los coletudos ,echarán pestes sobre el ganado, como viene siendo habitual en gentes de tal condición, pero a pocos pueden engañar a estas alturas. Los toros –sic- de Torrealta eran una especie de novillotes más parecidos a un carretón de entrenamiento que a un animal apto para la lidia propiamente dicho, y pese a su manifiesta borreguez se dejaron, y no poco.

Bien es cierto que varios de los cornúpetas se pasaban más tiempo dando volteretas cual saltimbanqui que de pie, como corresponde a la gallarda condición de tan mítico animal; pero ello no quitaba para que, por lo menos, uno por barba, la terna, tuviese en sus embestidas material más que suficiente como para realizarles el toreo de calidad que, en principio, tan venerado es en la capital de Andalucía, aunque todo es intrepretable, claro está. Pero una cosa es de dónde se parte y con qué mimbres, y otra bien distinta el cesto que resulta ser. Y en ese cesto había agujeros miles, cual si fuese queso de bola o colador de sopa.

El Fandi, que se le tiene por maestro consumado en el arte de poner garapullos, dio un sainete con los mismos, no siendo capaz ni una sola vez –he dicho bien: ni una- de cuadrar en la cara ni ejecutar las suertes con mediano fuste. Aunque viendo la reacción del público ante carreras, botes y piruetas, uno tiene serias dudas sobre el conocimiento de gran parte del graderío. sevillano. Con capote y muleta poco pudo apreciarse, pues diezmados e inválidos estaban sus enemigos, con más ganas de tumbarse a la bartola que de embestir. Estarían cansados de estar a la fresca en el corral y devinieron en vagos redomados y maleducados de tomo y lomo, pues no es manera de presentarse ante la Maestranza aposentando el negro pandero en la arena cual si fuese almohadón de plumas.

Sin embargo, a pesar de tener en frente material de este jaez, se le advirtieron al granadino maneras más de gladiador romano que de intérprete del Arte de Cúchares, lo cual no sería del todo desdeñable si no estuviésemos en plena Feria de Abril y como escenario la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

A uno le da que pensar…

Manzanares, por su parte, tuvo en su haber el mejor lote, dotado de infinita nobleza y boyantía en las embestidas, lo cual no le conmovió ni por un instante al alicantino, que se limitó a moler a derechazos -como el resto de la terna- a sus dos compañeros de baile. En tales vicisitudes se entretuvo en esbozar un natural de fino trazo y alguna que otra trincherilla marca de la casa. Poco bagaje si se tiene en cuenta que le regalaron una oreja que abochornaría al más pintado si no fuese porque el público de Sevilla, y el de España en general, está hasta los mismísimos de soportar estoicamente la mediocridad imperante en el escalafón y, por lo tanto, carecen de criterio para valorar si lo que se tiene delante es un Vega Sicilia o un Don Simón peleón Parecióles lo primero y el apéndice fue concedido sin demasiadas ilusiones.

A su segundo le hizo básicamente lo mismo, es decir, molerle a derechazos, pero éste ya era un tío con toda la barba, era noble y codicioso y semejantes bajezas no las toleraba, pues pedía ser sometido y llevado con largura y templanza, cosa que el hijo de su padre -de don José María padre, entiéndase- no hizo, por lo cual abrevió cuanto pudo, el quinario pasó rápido y fue indoloro para él y el sufrido público, que ya estaba hasta las narices.

Dicen también las crónicas que pasó por la plaza un tal Talavante, y Alejandro dicen que tiene por nombre. Un servidor de ustedes ni se percató en demasía, pues lo único que vi fue a un chaval pegar telonazos y trapazos cual vulgar novillero de plaza de talanqueras, y no aquel prometedor torero que tenía su mano izquierda y su valentía como máximos exponentes. Así que uno no termina de creérselo del todo.

De natural inocente que soy.

Lo único destacable de la tarde fueron dos soberanos pares de banderillas de Juan José Trujillo al segundo de la tarde, ejecutando la suerte como mandan los cánones, que son: dejarse ver, arrancar a la par que el toro, sacar los palos desde abajo, cuadrar en la cara y salir con galanura sin pegar carreras cual velocista en Olimpiadas.

Y eso que no es un maestro consumado en este arte, como se pavonean otros que van de máximas figuras.

Aunque puede ser que lo sean, en el mundo al revés. En aquél donde la mediocridad campa por sus anchas y la calidad y las buenas maneras son una pura quimera.

4 comentarios:

Geanina Codita dijo...

Enhorabuena por la forma en que ha hecho el blog, una secuencia de imágenes y texto de calidad. Nos vemos!

Carlos dijo...

Muchas gracias madam ;)

Eleonora dijo...

Carlos, yo de toros no entiendo mucho. No soy aficionada pero tampoco estoy en contra de la fiesta.
Lo cierto es que los entendidos en tauromaquia dicen que esta feria ha sido desastrosa.
Supongo que cuando la afición no encuentra el arte que desea ver, se pondrá de un cabreo monumental.
Yo no te veo así, pero creo que no estás muy satisfecho con esta feria.

Besos y me fumo con tu permiso un pitillos de los tuyos. ;)

Carlos dijo...

Fume todo lo que guste, madam, que el sitio propicio es para tales menesteres.

De la Feria poco puedo opinar, pues he visto sólo las dos corridas de las que he dado cumplida cuenta en este blog en forma de crónica.

De todas formas no hace falta ser demasiado aguililla para darse cuenta de que el panorama coletudo es de espanto, con una solemne mediocridad instalada en lo más hondo del alma del escalafón; con un toro de juguete y aborregado con el cual triunfan en los poblachos, pero que de poco les sirve en plazas de verdadero fuste.

Y si a todo ello le sumamos que los mismos chupópteros de siempre echan las culpas al bicho con cuernos, y que los espadas son el no va más del arte y la técnica en el arte de lidiar reses bravas, aunque sean unos nefandos pegapases que aburren al lucero del alba...pues ya tenemos el circo montado para ésta y más venideras ferias.

Ya les iré dando cumplida cuenta a vuesas mercedes.